“Que tus decisiones reflejen tus esperanzas, no tus miedos”. Nelson Mandela
En consulta, una de las demandas más frecuentes que encontramos desde el coaching estratégico y la Terapia Breve Estratégica no es la falta de opciones… sino todo lo contrario: personas completamente bloqueadas ante la toma de decisiones.
Llegan con una sensación muy concreta: “No sé cuál es la decisión correcta”, “Tengo demasiada información”, “Si me equivoco, será un desastre”. Y entonces ocurre algo aparentemente paradójico: cuanto más piensan, menos avanzan. Este artículo se inspira en el enfoque del decision making estratégico y en la práctica clínica, donde vemos cada día cómo el problema no es decidir mal… sino no poder decidir.
Las contradicciones ante la toma de decisiones
Tomar decisiones no es un proceso tan lógico como nos han hecho creer. De hecho, está lleno de contradicciones. Estas son algunas de las más frecuentes:
- La paradoja de la información: Cuanta más información tenemos, más dudamos. Lejos de aclarar, el exceso de datos abre más escenarios, más riesgos, más variables… y más incertidumbre. La información y el conocimiento debería darnos fuerza para tomar decisiones pero un exceso de ella nos debilita e incapacita.
- La paradoja del experto Cuanto más sabemos sobre algo, más difícil se vuelve elegir. El conocimiento amplía la conciencia de lo que puede salir mal. Al conocer más un campo específico, una especialidad también implica ser conocedor de todo lo que puede salir mal, por ello, conocer también esta parte puede hacernos sentir un miedo que bloquea la acción.
- La paradoja de la abundancia: Cuantas más opciones tenemos, más nos bloqueamos. La libertad absoluta no libera: paraliza. Además, que se genera un suceso muy curioso porque más opciones tenemos de elegir y observamos que las personas acaban decidiendo siempre lo mismo. Cuánta más variedad menos originales nos convertimos.
- La paradoja de la decisión perfecta “Si no es la mejor opción posible, no elijo.” Este ideal lleva directamente a la inacción.
- La paradoja de pedir ayuda: Debemos tener presente que demasiadas opiniones generan más confusión que claridad. Las personas suelen pedir ayuda a terceros para que les ayuden a tomar la decisión, y ese mecanismo de ayuda lejos de ayudar a elegir tantas veces confunde más que ayuda. Además, hemos de tener en cuenta que no hacernos cargo de las decisiones que tomamos es una de las puertas de la insatisfacción vital.
- La paradoja de la indecisión: No decidir… ya es una decisión. Demasiadas veces se nos olvida que no decidir ya es decidir. Decidir quedarnos como estamos y con el movimiento y la sinergia que vivimos. Elegir no actuar también tiene consecuencias que merecen ser valoradas.
El gran error: creer que decidir es solo pensar
Durante años nos han enseñado algo profundamente limitante: “Si decides desde la emoción, te equivocas. Lo correcto es decidir desde la razón.”
Pero esto es incompleto… y en muchos casos, bloqueante. La evidencia psicológica y la experiencia clínica muestran algo distinto:
- No existe decisión sin emoción
- La racionalidad pura tiende a paralizar
- El sistema emocional es clave para decidir
El problema no son las emociones. El problema es cuando están desbordadas o distorsionadas.
El autoengaño de la racionalidad
Muchas personas creen que su proceso es: “Primero pienso… y luego decido.” Pero en realidad, muchas veces ocurre lo contrario: Sentimos → justificamos → creemos que hemos decidido racionalmente
Este autoengaño genera una ilusión de control que, en situaciones complejas, se rompe… y deja paso a la duda constante.
Decidir es integrar: pensar, sentir y actuar
Las personas no somos sólo seres racionales. Somos sistemas complejos que:
- Piensan
- Sienten
- Actúan
Por eso, una decisión funcional no nace sólo del análisis, sino de la integración de estos tres niveles. Cuando uno de ellos domina (especialmente el pensamiento excesivo), aparece el bloqueo.
Decidir no es controlar, es moverse en la incertidumbre
Otro mito frecuente: “Tengo que estar seguro antes de decidir.”
Pero la realidad es otra:
- Decidir no es preverlo todo
- Decidir no es controlar el resultado
- Decidir es prepararse y avanzar
Podríamos decirlo como lo citan Roberta Milanese y Stefano Bartoli:
Decidir no es dominar la incertidumbre, sino aprender a danzar con ella. Las buenas decisiones no nacen de la certeza… Sino del coraje de sostener lo incierto.
Cuando decidir se convierte en un problema
Si llevas tiempo dándole vueltas a una decisión, sintiendo cada vez más dudas, más confusión o incluso ansiedad… puede no tratarse solo de indecisión, sino de un proceso que se ha bloqueado. Y cuanto más intentas resolverlo pensando, más se intensifica. En estos casos, pedir ayuda no es debilidad, es una forma de salir del bucle.
El objetivo no es sustituir la decisión del otro, acompañarle a ordenar el proceso, observar el bloqueo y valorar pasos posibles con mayor claridad.
La paradoja de la elección es una trampa mental que limita tu bienestar
La dificultad para decidir no es un defecto personal. Es, muchas veces, el resultado de intentar decidir perfectamente en un mundo imperfecto.
Decidir implica:
- Aceptar la incertidumbre
- Integrar emoción y razón
- Renunciar a la opción perfecta
- Y, sobre todo, actuar
Porque al final, no decidir no te protege. Solo te deja… exactamente donde estás.
Estrategias para trabajar el bloqueo en la toma de decisiones
Si sientes que:
- Llevas demasiado tiempo bloqueado/a
- Cuanto más piensas, más dudas
- Necesitas claridad pero no logras encontrarla
Podemos trabajarlo juntos en consulta. Desde el Coaching Estratégico y la TBE abordamos este tipo de bloqueos de forma práctica, trabajando el bloqueo, la rumiación y la dificultad para decidir desde una intervención práctica y ajustada al caso.
Bibliografía:
No te comas el coco: 10 psicosoluciones para salir de las trampas de la mente. Pascual, J. Vergara
Decision Making Strategico. Bartoli, S; Milanese, R. Ponte alle Grazie.