“El exceso de control siempre nos hará perder el control.” Giorgio Nardone
Me declaro amante de la excelencia. Sí, de esa fuerza interna que me impulsa a dar lo mejor de mí en casi todo lo que hago. Y remarco el “casi”, porque el “todo” no existe. Me declaro una casi perfecta, o una “perfecta imperfecta”.
Querer hacerlo todo perfecto, querer tenerlo todo bajo control, es el camino más directo hacia la frustración, el bloqueo y —lo que es peor— la imperfección. Pero la búsqueda de la perfección engancha: es adictiva. Quienes hemos sentido esos momentos casi trascendentales donde todo encaja y no hay nada más que añadir, sabemos que queremos volver allí, aunque también sepamos que esa búsqueda nos hará sufrir.
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Y es que los estratégicos tenemos muy claro que,
- Si reducimos nuestra capacidad de dolor, también reducimos el placer.
- Si reducimos el sufrimiento, reducimos la felicidad.
Cuando una persona, a nivel consciente, intenta controlarlo todo —incluso lo que está fuera de su alcance— acaba provocando el efecto contrario: el descontrol. Y ese exceso de control puede desencadenar consecuencias psicológicas importantes.
¿Cómo puede afectarnos el perfeccionismo?
Siempre digo que las personas perfeccionistas tenemos dos caminos: o encontramos placer en el estrés y aprendemos a gestionarlo para que sea positivo —ese que te impulsa, te motiva y te da energía— o nos perdemos.
Para lograrlo, es fundamental tener una autoestima sólida y una mente entrenada capaz de reconocer la voz interior que insiste: “no pares”, “todavía no es suficiente”, “revísalo otra vez”, “seguro que podrías hacerlo mejor”.
La clave está en no dejar que esa voz mande, sino en aprender a usarla como un reto motivador, no como un látigo.
Y si eso no está entrenado, es probable que el perfeccionismo te acabe desgastando. En esos casos, el coaching estratégico o la psicoterapia breve estratégica pueden ser de gran ayuda.
Problemas de ser una persona que quiere hacerlo todo bien
Cuando la autoexigencia deja de ser una aliada y se convierte en una trampa mental, empieza a generar el efecto contrario al deseado. Lo que en un principio nace como un impulso por hacerlo bien, termina transformándose en una fuente de tensión constante.
- En la mente, el diálogo interno se vuelve rígido y castigador, alimentando la ansiedad y la sensación de nunca ser suficiente.
- En las relaciones, la necesidad de control o perfección se convierte en una barrera que dificulta la conexión auténtica con los demás.
- En el rendimiento, el miedo a equivocarse bloquea la acción: se posterga, se repite o se entra en un bucle de agotamiento y autocrítica.
Desde la Terapia Breve Estratégica, el objetivo no es eliminar la exigencia, sino transformarla en un recurso funcional: pasar del “todo tiene que salir perfecto” al “voy a hacerlo lo mejor que pueda con lo que tengo ahora”. Cuando se cambia la forma de relacionarse con el error y con uno mismo, el perfeccionismo deja de ser un obstáculo y se convierte en equilibrio.
Problemas psicológicos asociados en la búsqueda constante de la excelencia
Cuando el perfeccionismo se vuelve rígido, deja de ser un motor de calidad y pasa a ser un sistema de control que atrapa. Entre las consecuencias más frecuentes están:
- Ansiedad intensa y sostenida: hipervigilancia, miedo al error y sensación de amenaza constante.
- Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC): obsesiones (ideas intrusivas de fallo o contaminación) y compulsiones (revisar, ordenar, pedir garantías) que, aunque alivian momentáneamente, mantienen el problema.
- TCA: trastornos alimenticios.
- Procrastinación y bloqueo: cuanto mayor la exigencia, más difícil empezar o terminar.
- Autocrítica severa y culpa: el error se vive como falta personal, no como aprendizaje.
- Síntomas psicosomáticos: insomnio, contracturas, cefaleas, fatiga crónica.
- Desánimo y vacío existencial: la sensación de que nunca es suficiente termina robando el disfrute.
El impacto en las relaciones
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El perfeccionismo no solo daña a quien lo padece, sino también a quienes lo rodean.
- Traumas relacionales y vínculos frágiles: convivir con estándares imposibles y crítica constante genera dolor y distancia.
- Abandono emocional: muchas personas se alejan porque la relación se vuelve asfixiante.
- Dinámicas abusivas o de maltrato psicológico: el exceso de control puede transformarse en microgestión, imposición o coacción emocional, dañando tanto a los demás como a uno mismo.
No toda persona perfeccionista es abusiva, pero cuando el control pesa más que el vínculo, las relaciones sufren.
Trastornos psicológicos asociados
El perfeccionismo puede derivar o coexistir con diversos trastornos, entre ellos:
- Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) —en sus diferentes formas (de revisión, de planificación, preventivo, propiciatorio, de duda, etc.)
- Trastorno de Ansiedad Generalizada.
- Traumas relacionales.
- Agotamiento emocional o “burnout”.
¿Los demás entienden a las personas perfeccionistas?
No siempre. Hay quienes piensan que nos complicamos la vida o que complicamos las cosas. Algunos nos perciben como tensos, rígidos, controladores o incluso narcisistas.
Pero lo cierto es que no todo el mundo está hecho para caminar hacia la excelencia. Y eso está bien.
Sin embargo, también es justo pedir respeto por quienes decidimos apuntar alto, aunque a veces duela. Los que perseguimos la excelencia no evitamos el dolor ni el sufrimiento: los transformamos en energía para crecer.
¿Significa eso que no sufrimos? En absoluto. Cuando ese amor por la mejora se convierte en autoexigencia descontrolada, la mente se vuelve tirana. Lo que nació como una “amiga consejera” que nos daba impulso vital acaba convirtiéndose “en nuestra enemiga” que nos provoca ansiedad, parálisis o desgaste. Y ahí, queriendo ser perfectas, acabamos obteniendo lo contrario: la imperfección.
Y ahora… ¿qué hacer?
En ese punto, pedir ayuda no es una señal de debilidad, sino de inteligencia. La Terapia Breve Estratégica o el Coaching Estratégico no buscan apagar esa llama interna, sino evitar que te quemes con ella. Te ayudan a reconducir esa energía para que no derive en perfeccionismo enfermizo, sino en excelencia sostenible.
El mito de Hércules lo ilustra bien: cuando se le presentan dos caminos —uno fácil y otro arduo pero virtuoso—, elige el segundo. No por masoquismo, sino porque entendía que el verdadero crecimiento personal no se logra evitando el dolor, sino transformándolo en sabiduría.
Así que si sientes que últimamente tu exigencia se ha vuelto contra ti, no lo vivas como un fracaso. Míralo como un aviso, una oportunidad para reconducir tu fuerza sin apagarla.
Haz las paces con tu humanidad. Sigue persiguiendo la excelencia, pero sin romperte en el intento. Y si sientes que te has excedido, busca apoyo.
“La perfección no se alcanza cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no hay nada más que quitar.”
Antoine de Saint-Exupéry